Para efectos de este debate, hay dos marcos principales para procesar el duelo cuando una amistad termina:
El enfoque del desapego y aceptación individual se centra en asimilar la pérdida como parte natural de la vida emocional, priorizando la reconstrucción interna y la autonomía afectiva. Implica reconocer el valor que la relación tuvo sin intentar revivirla, aceptar la distancia y transformar el vínculo en memoria o aprendizaje. Es común en cosmovisiones que valoran la impermanencia y la autorregulación emocional, como ciertas lecturas del budismo o filosofías de autocuidado moderno. Por ejemplo, escribir una carta que nunca se envía, guardar silencio como forma de respeto, o simbolizar el cierre mediante un ritual personal.
El enfoque de la reconstrucción relacional y cierre compartido parte de la idea de que el duelo debe procesarse en diálogo con la otra persona, buscando comprensión mutua o una nueva forma de vínculo. Implica contactar, conversar o reconciliar, incluso si la amistad no se restablece, con el fin de dar sentido conjunto a lo vivido. Está más presente en cosmovisiones comunitarias o interdependientes, donde el bienestar personal se entiende como tejido relacional. Por ejemplo, mantener contacto ocasional o transformar la amistad en un lazo distinto como colegas o cómplices de memoria compartida.